El bálsamo de Fierabrás

Hola Concha

He oído hablar de un bálsamo llamado, de fierabrás. Me gustaría saber su uso y de dónde viene ese bálsamo.

Muchas gracias. Acuario

Hola Acuario.

Interesante consulta ésta que me haces.

No se sabe a ciencia cierta si verdaderamente existió el Bálsamo de Fierabrás, o sencillamente entra a formar parte de una de tantas Leyendas. No obstante, no deja de llamarme la atención las estupendas propiedades que contienen sus componentes.

He aquí la historia.

EL BÁLSAMO DE FIERABRÁS

El Bálsamo con el que María Magdalena ungió a Jesús antes de ser enterrado, fue bautizado con el nombre de “Bálsamo de Fierabrás”.

Se contaba que era una poción mágica capaz de curar todas las dolencias del cuerpo humano Según la leyenda épica, cuando el rey Balán y su hijo Fierabrás conquistaron Roma, robaron en dos barriles los restos del Bálsamo con que fue embalsamado el cuerpo de Jesucristo, que tenía el poder de curar las heridas a quien lo bebía. Su fama se extendió más allá de las sagas Carolingias y aparece como motivo en El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, parodia escrita por el español Miguel de Cervantes y publicada a comienzos de 1605, que marca el nacimiento de la novela moderna y rompe con la tradición estética de la Europa feudal de la Edad Media.

Fierabrás era un Caballero sarraceno de gigantesca estatura, de grandísima fuerza y magnánimo corazón muy diestro en el manejo de armas. Siendo hijo del poderoso Emir Balán, hombre de muy grandes rentas, señor de muchas provincias y gobernador de Al-Ándalus. Mantenía constante conflicto con Roldán y los doce pares, especialmente Oliveros, con el que rivalizó en proezas, pero tras ser derrotado por éste, se convierten al Cristianismo y también en su amigo, luchando los dos en filas de Carlomagno.

La acción se desarrolla tres años antes de la batalla de Roncesvalles, el Emir Balán y su hijo, el gigante Fierabrás, regresan en barco a Al-Ándalus después de haber participado de un saqueo en la ciudad de Roma, portando las Reliquias de la Pasión:

La Corona de Espinas de Cristo, los Clavos con los que fue Crucificado, una Inscripción de la Cruz y el Aceite utilizado para ungir su Cuerpo Muerto, entre otras Reliquias. Las tropas de Carlomagno se dirigen a su encuentro para recuperarlas. Fierabrás desafía a todos los paladines; Oliveros, aunque herido, es el único que se compromete a enfrentarse al sarraceno, con el que mantiene un duelo que gana después de un combate largo y doloroso. Una vez derrotado, el gigante se convierte al Cristianismo y se une al ejército franco. Oliveros y otros cuatro pares son capturados por Balán y encerrados en una torre hechizada de su fortaleza, a la que se accede a través del gran puente de Mantible, custodiado por el espantoso y descomunal gigante Galafré.

Floripes, hermana de Fierabrás, enamorada de uno de los pares, el noble Caballero Guy de Borgoña, visita a los prisioneros y les ayuda llevándoles comida. El rey Carlomagno envía a los otros siete pares, encabezados por su sobrino Roldán, a negociar la libertad de los prisioneros, pero el Emir Balán los encierra como a los otros. Floripes reúne a los nuevos prisioneros, entre los que se encuentra Guy de Borgoña, con los otros cinco y después de muchos incidentes consiguen enviar a uno de los pares, Ricardo de Normandía, a informar al Rey de la situación en que se encuentran. Carlomagno se dirige a la fortaleza con su ejército, entre ellos está Fierabrás, que se enfrenta a Galafré y logran derrotar a Balán, que es decapitado tras rechazar el Bautismo.

El Rey distribuye los feudos conquistados entre Fierabrás y la pareja formada por la bella Floripes, convertida también en Cristiana, y Guy de Borgoña, con el que se casa y traslada a Saint-Denis con las Santas Reliquias devueltas por el ejército sarraceno”.

Respecto a las propiedades del Bálsamo, es Don Quijote -tan aficionado a los Libros de Caballerías- quien nos las cuenta.

Aunque no es mencionada expresamente en el Quijote, es evidente que la historia del Emperador Carlomagno y de los doce pares de Francia fue sin duda leída por el Caballero de la Mancha, ya que éste nombra varias veces a los doce pares de Francia, así como a gigantes, magos y encantamientos, se refiere a la obra del arzobispo Turpin, aunque dándole el disparatado título de Cosmografía, y dice conocer la receta del Bálsamo maravilloso de Fierabrás, la poción mágica capaz de curar todas las dolencias del cuerpo humano que forma parte de las leyendas del Ciclo Carolingio.

En el capítulo X de la primera parte de la novela, Don Quijote, después de una de sus innumerables palizas, menciona a Sancho Panza que él conoce la receta del Bálsamo. En el capítulo XVII, don Quijote instruye a Sancho que los ingredientes son: Aceite, vino, sal y romero. El caballero los hierve y bendice con ochenta Padrenuestros, ochenta Avemarías, ochenta Salves y ochenta Credos. Al beberlo, Don Quijote padece vómitos y sudores y se siente curado después de dormir tres horas. Sin embargo, para Sancho tiene un efecto laxante, dejándolo cerca de la muerte, justificando esto Don Quijote, por ser Sancho un escudero y no un Caballero Andante.

“Todo esto fuera bien escusado, respondió Don Quijote, si a mí se me acordara de hacer una redoma del bálsamo de Fierabrás, que con sólo una gota se ahorraran tiempo y medicinas. ¿Qué redoma y qué bálsamo es ese? dijo Sancho Panza. De un bálsamo, respondió Don Quijote, de quien tengo la receta en la memoria, con el cual no hay que tener temor a la muerte, ni hay pensar morir de ferida alguna…”

“…Levántate, Sancho, si puedes, y llama al alcaide desta fortaleza y procura que se me dé un poco de aceite, vino, sal y romero para hacer el salutífero bálsamo; que en verdad que creo que lo he bien menester ahora, porque se me va mucha sangre de la herida que esta fantasma me ha dado… En resolución, él tomó sus simples, de los cuales hizo un compuesto, mezclándolos todos y cociéndolos un buen espacio, hasta que le pareció que estaban en su punto. Pidió luego alguna redoma para echallo, y como no la hubo en la venta, se resolvió de ponello en una alcuza o aceitera de hoja de lata, de quien el ventero le hizo grata donación, y luego dijo sobre la alcuza más de ochenta Paternostres y otras tantas Avemarías, Salves y Credos, y a cada palabra acompañaba una Cruz, a modo de bendición”.

Don Quijote De La Mancha. Miguel De Cervantes

Concha Vara

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