Cementerio Alter Johannisfriedhof

Existe un cementerio en Leipzig (Alemania) llamado Alter Johannisfriedhof; desde el siglo XVII, se entierran en él todas las personalidades de la ciudad, como pueden ser alcaldes, escritores o músicos. Lo curioso de este cementerio es que se encuentra en el centro de la ciudad y que familias enteras lo cruzan todos los días... por eso no es de extrañar que yo, al no conocer el lugar, me creyese que era un parque y entrase con toda la tranquilidad del mundo, hasta que vi un grupo de tumbas. Le tengo mucho respeto a los cementerios, así que salí de allí rápidamente. Sin embargo, mi historia con ese lugar empezó justo en el momento en el que me marché.

Empecé a soñar con cementerios. En uno de los sueños, me vi a mí misma y a una amiga paseando por un cementerio de noche, con panteones de aspecto añejo iluminados con velas y candelabros. Sin embargo no tenía miedo, más bien lo contrario, me sentía tan cómoda que incluso se me ocurrió dormir allí. En otro sueño, seguía viendo tumbas, sólo que esta vez era de día y todas esas tumbas estaban adornadas con figuritas y estampas de santos: veía sagrados corazones, inmaculadas, san pancracios... lo interpreté como un símbolo de protección.

Otro de los sueños que más me impactó, fue uno en el que yo me veía viviendo en una casa antiquísima, construida al lado de un cementerio. Lo característico de este sueño es que, para salir de casa, tenía que pasar forzosamente por ese cementerio y cruzar un laberinto de tumbas; a pesar del panorama, yo conseguía "relajarme" en el sueño, pues justo en la entrada del laberinto había una estatua enorme de una Inmaculada.

Como os podéis imaginar, no eran sueños precisamente agradables. Quería acabar con ellos, así que pensé en volver al cementerio de la ciudad. No sé qué fue lo que me llevó a tomar esa decisión, pero lo cierto es que una mañana me levanté y fui hasta allí; una vez llegué, paseé un rato, observé las tumbas y me fui. Hubo una tumba que, en concreto, me llamó mucho la atención; resulta ser una tumba pequeña, con la figura de un león en ella. Aún así, no me acerqué para saber de quién era. Sólo quería irme de allí y eso fue lo que hice.

Desde mi segunda visita al cementerio no he vuelto a tener esos sueños tan horribles. Es posible que, en mi primera visita, me llevase a alguien o a algo conmigo y que luego éste no supiese cómo volver por sí mismo al cementerio... de todas formas, también cabe la posibilidad de que fuese miedo o sugestión.

Un dato curioso: cada vez que voy a trabajar, paso en bicicleta por delante de una de las entradas del cementerio. Muchas veces me fijo y me sorprendo a mí misma observando la tumba del león que, por cierto, es la primera que se puede ver si se entra por esa entrada... ¿Me observará alguien también desde allí?.

Isabel.

 

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