Viaje Astral

Desde pequeña siempre sentí gran interés por todo lo desconocido, ya con 8 años recuerdo jugar con amigas a buscar espíritus en los espejos y caras entre las sábanas, esta inquietud me acompañó durante muchos años donde probé a jugar a la ouija, hacer psicofonías y empaparme de libros de quiromancia y esoterismo .

Durante buena parte de mi adolescencia los sueños han sido una parte más de mi vida, como una vida paralela donde desahogar mis alegrías y decepciones. Recuerdo que con 13 años comencé a “controlar” mis sueños, decidía antes de dormir que deseaba soñar, me tumbaba en la cama y comenzaba a pensar que iba a soñar esa noche hasta que llegaba un momento en que ya el pensamiento se convertía en sueño y la historia que había decidido seguía su propio cauce, casi siempre distinto del deseado pero siempre con los personajes elegidos por mí en el preludio del sueño. Así que cuando escuché hablar de los viajes astrales me pareció fascinante y me dispuse a buscar información de cómo realizarlos.

En un libro leí unos principios básicos de cómo conseguir el estado de relajación perfecto para el viaje astral, me dediqué a seguir esas pautas que consistían en respiraciones, exhalaciones y recorrer tu cuerpo mentalmente desde la punta de los pies hasta la cabeza, siempre pensando en viajar a algún lugar maravilloso. Esta técnica la practiqué durante días, incluso meses hasta que una noche lo conseguí y fueron tantas las emociones que sentí que son difíciles de plasmar en un papel.

Todo comenzó con la sensación de adormecimiento de mi cuerpo, pero esta vez era además como si me balanceara, como si fuese un péndulo, como si flotase,… al principio creía que era una sensación ya vivida otras veces en ese estado de duermevela que hay justo antes de introducirte en el sueño, pero esta vez era cada vez más fuerte el balanceo, sentía como si me elevase y en ese instante giré mi cabeza hacia abajo y me vi tumbada en la cama, en la misma postura en que me había acostado, pero era mi cuerpo el que estaba allí abajo no era yo.

En ese momento multitud de sentimientos me recorrieron, desde el miedo y el temor a no saber encontrar el camino a mi cuerpo de nuevo, hasta la más absoluta sensación de bienestar que sólo te da la libertad. Mientras observaba tumbado mi cuerpo abajo comencé a escuchar voces a lo lejos, sonidos que me atraían hacia ellos y entonces decidí disfrutar el momento, así que eché a volar, volé sobre la ciudad, entre las estrellas, sin rumbo, solo dejándome llevar por las corrientes y el aire fresco hasta que un edificio llamó mi atención, desconozco el por qué elegí ese lugar pero me dirigí a él.

Era un enorme caserón que dejaba notar que en su día fue una casa señorial. Ahora, sin embargo, parecía abandonada. Entré en la planta baja llena de habitaciones desoladas que yo iba recorriendo sin ningún objetivo, entonces volví a escuchar de nuevo las voces en la planta superior y mi curiosidad me llevó a subir rápidamente las escaleras.

Arriba las habitaciones estaban llenas de gente que bailaba y correteaba jugando de habitación en habitación, sonaba una música deliciosa que invitaba a bailar… y eso hice me puse a bailar y a corretear con toda esa gente que aunque no reconocía sí sentía como si fuesen amigos y familiares.

No puedo recordar cuanto tiempo estuve allí, al igual que tampoco recuerdo en qué momento decidí regresar a mi cuerpo físico, ni cómo fue el viaje de regreso pero sí puedo aun después de 25 años, cerrar los ojos y ver mi cuerpo tumbado en mi cama esperándome.

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