El árbol de los penes
En el año 2000, durante los trabajos de restauración de la muralla medieval del pequeño pueblo toscano de Massa Maríttima, se descubrió el mural de una fuente pública, oculto por siglos y siglos de capas de suciedad.
Tras los primeros trabajos de limpieza, el fresco parecía representar un grupo de mujeres debajo de un gran árbol en una escena cotidiana de la vida medieval.
Pero nada más lejos de la realidad.
A medida que se iba profundizando en la limpieza de las capas de cal y suciedad, la sorpresa de los restauradores iba en aumento.
Y es que la imagen que acababan de descubrir no era para menos; las ramas del árbol se encontraban habitadas, no por comunes gorriones cantarines, sino por más de dos docenas de miembros viriles que parecían tener vida propia.
En la base del árbol destacaban ocho mujeres, dos de las cuales parecían estar luchando por un pene y otra estaba tratando de quitar uno de una rama con un palo, junto a ellas había una mujer que parece estar menos involucrada pero uno de los frutos del árbol sobresale por la parte inferior de sus ropas.
Descartada rápidamente la idea de que la imagen representase únicamente una pintura obscena o una sodomía arbórea generalizada, los investigadores se pusieron manos a la obra para tratar de dar una solución al enigma.
Una primera teoría fue que se trataba de un símbolo de fertilidad y otra que nos encontrábamos ante una de las representaciones de brujería más tempranas que han sobrevivido de la Europa medieval.
Se argumentó que el mural constituye la primera representación de arte de las mujeres que actúan como brujas. Citando el folklore antiguo en el que las brujas mantenían a penes cautivos en nidos.

Malleus Maleficarum (el martillo de las brujas)
Uno de los libros más terribles y desagradables que se ha escrito en el Siglo XV, fue un manual de la caza de brujas, que pasó a dar lugar a asesinatos brutales de muchas mujeres acusadas de brujería. En el libro se describen varias interacciones con las supuestas brujas que robaban el pene de los hombres. Este y otros son muchos de los crímenes que se les atribuye a las brujas en cuestión de sexualidad; copular con demonios íncubos, provocar abortos, causar esterilidad y obstaculizar relaciones entre marido y mujer.
Desde tiempos inmemorables, los hombres se han preocupado de manera irracional por las amenazas recibidas hacia sus penes. Mucho antes de que existiera la castración, había algo mucho más siniestro; el mito de las brujas roba falos que iban retorciendo y desmembrando los miembros viriles.
En la edad media se creía que las brujas tenían diferentes capacidades mágicas para acabar con los penes, la más siniestra de todas es la capacidad para hacer desaparecer el órgano sexual masculino completo usando su magia (quitaban el órgano masculino ocultándolo sin necesidad de despojarlo del cuerpo).
Estas recogían órganos masculinos en grandes cantidades, usaban los penes sin cuerpo como mascotas, los almacenaban en nidos de pájaros o los encerraban en una caja y los mantenían vivos alimentándolos con trigo y mazorcas de maíz o un plato de lentejas...
Un manuscrito francés del siglo XVI contiene dos imágenes de monjas cosechando penes en los arboles y metiéndolos entre sus ropas.

“Cuenta el Malleus Maleficarum, que en las noches la bruja emasculaba al hombre mientras dormía y guardaba su pene en un nido en la copa de un árbol y que un día un labriego apenado, llegó a suplicarle por el amor de Dios le devolviera su pene, que él tenía mujer e hijos y era pobre. La bruja lo mandó a la copa del árbol a que lo buscara. Subió el labriego, hurgó en el nido, escogió el pene más grande de toda la colección y bajó a tierra con su tesoro. La bruja entonces se lo arrebató alegando que ese, pertenecía a un cura”.
En su esencia más pura, los arboles pene y su asociación a las brujas de lascivia infinita plantean una cuestión apremiante; si los penes crecen de los arboles, ¿Para que se necesita a los hombres?
Cobra fuerza una reciente explicación que sostiene que el mural es una advertencia política.
Explica esta corriente, que en el momento en que el fresco fue probablemente pintado (Siglo XIII), Massa Marittima se encontraba controlada por los Güelfos, que recientemente habían expulsado a sus rivales los Gibelinos.
Las águilas negras volando por debajo del árbol, que representan el símbolo de la derrocada facción Gibelina, junto con otros detalles del mural, llevan a la conclusión de que el mensaje que claramente se quería enviar a los habitantes de Massa Maríttima era:
“Si se permite a los Gibelinos volver, traerán con ellos la herejía, la perversión sexual y la brujería”
Sea cual sea el mensaje de esta extraña pintura, los ciudadanos de Massa Marittima pueden respirar con tranquilidad, a sabiendas de que su pueblo alberga una importante y única pieza artística, en lugar de una pintura obscena que tal vez algunos hubieran preferido volver a cubrir.
“Toda brujería proviene de la lujuria carnal, que en las mujeres es insaciable”.
Heinrich Kramer. Malleus Maleficarum

