Primer Contacto
Todos conocemos la inmensidad del Universo, Por mera deducción matemática, o lógica, deberíamos llegar a la conclusión que es imposible que estemos solos. Si el infinito, por definición, no tiene fin, podríamos encontrar infinitos escenarios en los que la vida inteligente sería posible.
Pero… hasta ahora, nada. Miles de avistamientos, testimonios de contactos, incluso personas que afirman haber tenido hasta contacto íntimo con seres de fuera de nuestro planeta, pero ni una sola prueba concluyente.
Además, la tecnología nos pone en las manos recursos para obtener de manera personal evidencias de cualquier cosa. Allí donde ocurre algo, sea un suceso desagradable, la risa de un niño, la monería de un gatito, lo que sea que pase, hay una cámara que fotografía o filma lo que ocurre. Ni una imagen o filmación clara, nítida, concluyente, de la presencia extraterrestre en nuestro planeta.
Vamos a darle una “vueltecita” al tema.
Existe algo llamado Paradoja de Fermi, teoría de un físico italiano homónimo, que planta la cuestión de la falta de señales o evidencia alguna de una civilización extraterrestre. ¿Dónde están si toda la lógica dice lo contrario ?
Según esta paradoja, y siguiendo las escala de Kardashev, que clasifica las civilizaciones avanzadas en varios grupos, según sus necesidades energéticas y grado de desarrollo, encontraríamos 5 tipos de civilizaciones, a saber:
Tipo 0: aquellas que dependen de recursos fósiles y están confinadas en su propio planeta. Son vulnerables a la extinción vía desastres naturales de gran escala, como el vulcanismo extremo, el cambio climático o el impacto de un asteroide grande. A este triste tipo perteneceríamos nosotros.
Tipo I: Estas civilizaciones han aprendido a extraer energía de la fusión nuclear y su planeta se les empieza a quedar pequeño. Han desarrollado el viaje interplanetario y colonizado otros planetas de su sistema solar. Siguen siendo vulnerables a la extinción si se producen cataclismos a gran escala como la explosión de una supernova cercana.
Tipo II: a diferencia de las Tipo I, estas han colonizado otros sistemas solares y han expandido su burbuja de influencia a través las estrellas más cercanas. Debido a su dispersión a lo largo de un gran volumen del espacio, es casi imposible que un evento catastrófico extinga a una de estas civilizaciones por completo.
Tipo III: su dominio se extiende por toda la galaxia y extraen sus recursos de cualquiera de los planetas y estrellas que esta contiene.
Tipo IV: pueden colonizar cualquier galaxia y tienen influencia a nivel universal. Su tecnología les permitiría, en teoría, permitirles viajar en el tiempo, materializar cosas a partir de energía, teletransportarse, modificar propiedades de la naturaleza o mover sistemas estelares enteros.
De entre estos grados de evolución, las más fáciles de detectar deberían ser las civilizaciones Tipo II y Tipo III ya que, en teoría, deberíamos ser capaces de captar sus comunicaciones o incluso ver señales de su presencia en la forma de estructuras como las esferas de Dyson en nuestro propio vecindario estelar.
De las posibles 100.000 civilizaciones avanzadas que podrían existir en la Vía Láctea, no sería descabellado pensar que algunas hubieran conseguido burlar posibles eventos capaces de extinguirlas hasta alcanzar el grado de desarrollo tecnológico que la convierta en Tipo II o Tipo III. Suponiendo de nuevo que un 1% de las civilizaciones no se extinguen antes de alcanzar este grado de desarrollo, entonces deberían existir alrededor de 1.000 civilizaciones de Tipo II o Tipo III sólo en nuestra galaxia.
Entonces, si hay tanta vida inteligente a nuestro alrededor haciendo de las suyas, ¿Cómo es que no hemos visto a nadie?
Esta es precisamente la pregunta que plantea la paradoja de Fermi. Como no podemos dar una respuesta concreta a la pregunta, lo único que podemos hacer es plantear algunas soluciones.
- La hipótesis del laboratório o del zoológico. La Tierra es una especie de zoológico o guardería en la que hemos sido depositados como parte de un experimento de biología cósmica. Básicamente hemos sido creados por terceros, que nos han dejado en nuestro redil, a ver que pasa… me gusta la idea, porque, además, dejaría respondida las dos partes, los creacionistas, aunque el “creador” no fuera de su agrado, y los evolucionistas, a los que daría, por fin, el eslabón perdido de la evolución. Eso me lleva a plantearme por qué somos la única especie inteligente del planeta… ¿ no podría haber evolucionado otras especie hasta obtener capacidades, si no iguales, semejantes a las nuestras ? Eso es otra historia, pero bien que alimenta los egos de los religiosos colocándonos en la cúspide de la creación porque, a lo mejor (y de esto hay exactamente el mismo número de pruebas como la de que un señor nos creó una buena tarde) somos los conejillos de indias de algunos hombrecillos verdes. Que chasco.
- La hipótesis de la simulación. Muy Matrix, si, los hermanos, bueno, ahora hermanas, Wachowski no inventaron nada, como casi nadie en Hollywood. El filósofo sueco Nick Bostrom, trabajando actualmente en Oxford, planteó que si en el futuro, según suponen muchos científicos y futuristas, la tecnología llega a un punto de desarrollo tal que permita hacerlo, quizá científicos aburridos realicen simulaciones detalladas de sus antepasados en sus superordenadores. Esto casi que me frustra más, porque podríamos tener todos una vida carente de guerras, enfermedades y lacras de todo tipo, y cuerpazos, guapos de la muerte e inteligencias supremas, pero, claro, eso no sería divertido para “los otros”. Que aburrimiento. Civilizaciones de este tipo podrían haber llegado a conocer la mente lo suficiente para simular personas conscientes que creerían ser autónomas. Bufff…. ¿ somos robots biológicos inconscientes de nosotros mismos.. ? Volvemos, como el punto anterior, a un nivel de desarrollo tecnológico tal que les permitiría realizar miles y miles de simulaciones por lo cual se podría suponer que la gran mayoría de las mentes no pertenece a la raza original sino a la raza “simulada”. En una coincidencia extraña, científicos del laboratorio Fermi están realizando un experimento para determinar si vivimos en una proyección holográfica. Tócate un pie…
- Extraterrestres avanzados se mueven a ciertas zonas de la galaxia. Seres más avanzados podrían existir en zonas alejadas del centro de la galaxia. Según Milan M. Ćirković y Robert Bradbury, en los bordes de los discos galácticos civilizaciones más avanzadas podrían formar comunidades de inteligencia cósmica sin tener que preocuparse por los problemas del calor y los desechos que se acumulan en otras zonas. Tampoco es una novedad, porque ya Platón y el hermetismo postulaban que las almas avanzadas vivían cerca de la Vía Láctea, la cual era una especie de vientre o ciudad luminosa para seres que habían logrado una mayor evolución espiritual. La Tierra, en cambio, era a donde viajaban a conocer el mundo de la materia y aprender a dominar la ilusión de la misma para despertar a la vida eterna en el centro de la galaxia, habiendo bebido del río de Mnemósine. Vamos, que somos un gimnasio para superseres.
- Civilizaciones extraterrestres podrían existir sin mostrar interés en explorar otros mundos al sumirse en la contemplación de sí mismas. Esto ya me gusta más, sobre todo porque se semeja al último comentario de este artículo, aunque sea solo porque responde a nuestra naturaleza humana. En nuestro día a día, en muchos casos en toda nuestra vida, no mostramos interés por, por ejemplo, la vida de la sexual del ornitorrinco, por no decir de la ameba. Igual no les interesamos lo más mínimo, ni ellos nos molestan, porque no quieren, no nosotros somos capaces de notar su presencia, porque no podemos. Algunos transhumanistas postulan que una civilización avanzada podría dedicar toda su atención y energía a experimentar mundos generados digitalmente, vivir paraísos artificiales interiores en sus conciencias incorpóreas descargadas a máquinas capaces de sostener un proceso consciente de manera indefinida. No nos equivoquemos, es el equivalente terráqueo a pasarse todo el día viendo Sálvame o cualquier detritus-programa, o mirarse el ombligo sin interés alguno por lo que pasa más allá de nuestras narices
- Una civilización suficientemente avanzada es indistinguible de la divinidad Vamonos, que nos vamos... Dando razones a los que no la tienen. Mi bien leído Arthur C. Clark, en una de sus famosas 3 Leyes ( si, no fue solo Asimov con las de la Robótica el único que postuló tres leyes y escribió novelas de Ciencia Ficción a la vez ), decía en la tercera de ellas que cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia. Todos pensamos que los extraterrestres son, básicamente como nosotros. Más o menos feos, con formas más o menos humanoides, o con aspecto de rana viuda, pero con necesidades fisiológicas parejas a las nuestras. Comen, respiran (algo no necesariamente Oxigeno, Nitrogeno y Argón), se reproducen, defecan, mueren… Pero si son mucho más avanzados que nosotros podrían haber llegado a tener cualquier forma, transferir sus conciencias a otros tipos de contenedores, y, por supuesto tener otras necesidades e incluso conceptos sociales que no seríamos capaces ni de imaginar. Nuestro Sol es unas tres veces más joven que nuestro Universo. Eso en escala temporal nos deja como a bebés, así que imaginad a civilizaciones con cientos de millones de años de evolución a sus espaldas lo que podrían hacer con nuestras tristes vidas de primates recién llegados.
Pero existe otra teoría, mi preferida, que se denomina el Principio de Mediocridad, creada en el siglo XVI por Copérnico, que predice que la vida debe de ser común el Universo porque ni la Tierra ni el ser humano son nada excepcionales. Somos más ordinarios que un Bonobus. Científicos de la Universidad de Cornell en Ithaca (Nueva York, EE.UU.) han creado una nueva ecuación. Y concluyen que, si es que se produce, para un primer «hola» galáctico tendrán que pasar... 1.500 años.
«Todavía no tenemos noticias de los aliens, el espacio es un lugar muy grande. Pero eso no quiere decir que nadie esté ahí fuera», dice el estudiante de Cornell Evan Solomonides, que presenta su estudio en la reunión de la Sociedad Astronómica Americana en San Diego. Yervant Terzian, profesor de Astronomía en la misma universidad, es el coautor del artículo.
Según Solomonides, hasta dentro de unos 1.500 años, cuando nuestras señales hayan alcanzado la mitad de la Vía Láctea, «es posible que parezca que estamos solos, incluso si no lo estamos. Pero si dejamos de escuchar o buscar, podemos perdamos las señales, por lo que debemos seguir buscando».
La búsqueda de extraterrestres implica el envío de señales como emisiones de televisión, por ejemplo. Embajadoras electrónicas de la Tierra, las señales de TV y radio se han enviado al espacio como un subproducto de la radiodifusión. Estas señales han estado viajando desde nuestro planeta durante 80 años a la velocidad de la luz. Solomonides indica que para otra civilización que recibiera estas transmisiones, probablemente serían indescifrables, ya que los extraterrestres tendrían que descodificar las ondas de luz en sonidos, y a continuación, analizar 3.000 idiomas humanos para captar el mensaje.
No obstante, las señales de radiodifusión de la Tierra han llegado a todas las estrellas dentro de aproximadamente 80 años luz del Sol, alrededor de 8.531 estrellas y 3.555 planetas similares a la Tierra, cuando nuestra Vía Láctea contiene 200.000 millones de estrellas. «Incluso nuestra vulgar galaxia espiral, no excepcionalmente grande en comparación con otras galaxias, es enorme más allá de la imaginación», señala Solomonides. «Esos números son los que hacen la Paradoja de Fermi tan incomprensible». Como dice Solomonides, «estamos en el tercer planeta alrededor de una estrella tediosamente aburrida rodeada de otras estrellas completamente normales, más
o menos a dos tercios en el camino a lo largo de uno de los varios brazos de una galaxia espiral notablemente media. El principio de mediocridad es la idea de que como no estamos en ningún lugar especial en el Universo, no deberíamos ser nada especial en el Universo».
Está claro que, salvo error garrafal, o serendipia fantástica, ninguno de los que leemos esto los veremos. Somos unos donadies en la Galaxia, y, tal vez, en el Universo.

